domingo, 30 de diciembre de 2007

Trip to Israel

Asi como sucedió con mi viaje al Cairo, (un breve tour organizado para solados en servicio con la MFO) durante el dia 19 al 22 de ocutubre tuve la oportunidad de visitar Israel.

No se trata de un pais mas. A diferencia de mi experiencia en Italia, Egipto o Alemania, estar en Israel fue todo un evento espiritual para mi persona. En un espacio de tiempo tan corto (4 dias) tuve la oportunidad de visitar Jerusalem, Capernaum, Cana y Narareth. Floté sobre el Mar Muerto y navegué a través del Mar de Galilea. Oré frente al muro de los lamentos y asistí a un culto de jóvenes judíos. Fuí bautizado (por vez primera) en el Rio Jordan y caminé la misma ruta donde Jesus dio sus últimos pasos como hombre (a fuerza de golpes) hasta ser crucificado por autoridades romanas. Definitivamente, una experiencia inolvidable.

Creyente al cuadrado
A pesar de ser cristiano desde mucho antes de mi experiencia en Tierra Santa, de alguna manera puedo decir que ahora que soy mas creyente de lo que era cuando fui.

Y es que no es lo mismo decir que Jesús observaba el templo judio desde el monte de los olivos que estar parado y verlo desde allí. No es lo mismo decir que el imperio romano gobernó Israel en aquel entonces que sentir la presencia romana detras de cada estrutura del antiguo Jerusalem.

Es entonces cuando uno se da cuenta de que la Biblia, mas que un libro de religion, cuenta la historia de un país. Incluso negando la existencia de Jesús como personaje histórico, todas y cada uno de los lugares que menciona la Biblia existen allí. Entre las ruinas de Israel (que se funde gradualmente entre sus modernos edificios) se puede apreciar aquella forma de vida que los autores biblicos (por no decir “profetas”) describen en sus relatos. De alguna manera sus voces le dan forma a la arquitectura que se han ido diluyendo en el tiempo, dado cabida a una vision mucho mas concreta del relato biblico. Caminar por sus calles, apreciar distancias, ver como vive (y vivía) su gente es para mí, mas que una experiencia cultural, una expereincia espiritual.

La frontera con Egipto

Cruzar la frontera entre un país y el otro es algo así como un tunel del tiempo que te lanza a unos 50 o 70 años mas hacia delante. Ademas del verdor que se aprecia en Israel, la limpieza y lo moderno de la cuidad (quiza en comparación con Cairo) crea una sensación refrescante.

Mi mayor sopresa fue quiza en la misma frontera cuando una mujer tomo mi equipaje para la revision. Si, una mujer tomo mi equipaje para inspeccion en la frontera –inserte cara de perplejo aquí-
Hasta entonces no me habia dado cuenta del largo tiempo que llevaba sin ver a una mujer trabajando. Y es que después de tantos meses en Egipto (donde la mujer apenas trabaja y cuando lo hace, es en posiciones poco expuestas al publico) se pueden imaginar mi sorpresa al verlas por ahí sin trapos que cubran su cabello y trabajando. Mi sorpresa fue aun mayor cuando al salir de la inspeccion, vi a una mujeres conduciendo por la calle (cosa que nunca he visto aqui en Egipto). A pesar de que muchas mujeres JAMÁS deberian tocar el volante, lo que me sorprendio fue sorprenderme a mi mismo sorprendido por el suceso. Como algo tan habitual para mí se convirtió de repente algo como para exclamar. Son estos contrastes (y otras similitudes) lo realmente hace interesante la interaccion cultural.
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